Un tiempo para comenzar a cambiar, hacia la sostenibilidad

Un tiempo para comenzar a cambiar, hacia la sostenibilidad

Ana Leiva. Directora de la Fundación Biodiversidad.

2010 es un año clave para la biodiversidad. Es un año para hacer balance y para fijar nuevos objetivos a nivel global a fin de frenar el deterioro de la biodiversidad.

Mantener el capital natural del Planeta es imprescindible para lograr un desarrollo sostenible. Sabemos que la biodiversidad y los servicios de los ecosistemas son la base del cuarenta por ciento de la economía mundial. Disminuir el impacto humano sobre la flora, la fauna y los ecosistemas es necesario para garantizar el bienestar humano a largo plazo. Hacia este objetivo orientamos nuestro trabajo y esfuerzo en la Fundación Biodiversidad.
La pérdida de biodiversidad nos cuesta cerca de un siete ciento del Producto Interior Bruto mundial anualmente. En otras palabras, todos los años estamos perdiendo billones de euros en capital natural. El informe “La economía de los ecosistemas y de la biodiversidad” (TEEB, por sus siglas en inglés) nos alerta de que esta perdida afecta especialmente a las sociedades mas empobrecidas, ya que la agricultura, la ganadería, la pesca y la silvicultura son los medios de subsistencia más afectados por un medio ambiente degradado.

La pérdida de biodiversidad adquiere un significado aun más importante en el contexto actual de cambio global. La disponibilidad de una infraestructura ecológica en buen estado es un requisito fundamental para poder mitigar los efectos del cambio climático y facilitar nuestra adaptación al mismo. Hoy más que nunca, la comunidad científica nos advierte de que los esfuerzos en la lucha contra el calentamiento global deben complementarse con una acción decidida para mejorar el estado de conservación de la biodiversidad.

En 2012 se cumplirán 20 años de la celebración de la Cumbre de Río, que dio lugar a los convenios internacionales en los que se enmarca la acción concertada para hacer frente a los grandes retos económicos, sociales y ambientales del siglo XXI.

Se trata de un momento clave de reflexión, en el que debemos comprometernos con nuevos objetivos y darle un impulso decidido a las metas comunes.

De ahí que la Presidencia rotatoria Española de la Unión Europea convocara, en enero de este año, la Conferencia sobre “Objetivo y visión post-2010 en materia de biodiversidad: el papel de las áreas protegidas y de las redes ecológicas en Europa”, para propiciar un debate europeo sobre las metas post-2010, en el marco de una agenda ambiciosa, a largo plazo, y teniendo en el horizonte próximo la décima Conferencia de las Partes del Convenio de Diversidad Biológica, en Nagoya (Japón), durante el próximo octubre.

El documento de síntesis de la Conferencia de Madrid se ha dado en llamar “Prioridades de Cibeles”: en él se establecen diez líneas de actuación política en materia de biodiversidad por parte de la Unión Europea (UE).

En las “Prioridades de Cibeles”, impulsadas por el Ministerio de Medio Ambiente, y Medio Rural y Marino, los expertos y gestores europeos  toman en cuenta las recomendaciones de Naciones Unidas y, por tanto, proponen la toma de medidas urgentes para preservar la biodiversidad en el continente, a la vez que ratifican la vigencia del reto de frenar el ritmo de pérdida de biodiversidad y restaurar los ecosistemas para 2020, para luego ampliar esta protección fronteras fuera del continente europeo.

Los acuerdos a los que arribó la Conferencia de Madrid, en cuya organización colaboró la Fundación Biodiversidad, han contribuido decisivamente a las Conclusiones del Consejo de Medio Ambiente de la UE sobre biodiversidad post-2010, adoptadas por unanimidad el pasado 15 de marzo.

La UE tiene la responsabilidad de demostrar al resto del mundo cómo el hecho de alcanzar unos altos niveles de desarrollo económico y de calidad de vida es compatible, e incluso puede contribuir a la conservación y uso sostenible de la biodiversidad. De ahí que el Consejo Europeo de Primavera, celebrado los días 25 y 26 de marzo, se comprometió con la visión a largo plazo de la biodiversidad para 2050 y la meta para 2020, y reconoció la urgencia de invertir las constantes tendencias de degradación de los ecosistemas.

Siempre de acuerdo con los postulados de Naciones Unidas, en las “Prioridades de Cibeles” se reflexiona, asimismo, sobre la necesidad del pago por servicios de los ecosistemas, la profundización en la integración de la biodiversidad en las políticas sectoriales, el establecimiento de un plan de acción general y la aplicación plena de las Directivas de Aves y de Hábitats, así como la preservación del medio marino, entre otros importantes aspectos de la relación entre científicos y gestores.

Desde la Fundación Biodiversidad, no perdemos de vista, en ningún momento, la importancia de involucrar al tejido empresarial en este recorrido. El sector empresarial juega un papel crucial en la actividad económica y tiene mucho que decir sobre la preservación y, por el contrario, también sobre el deterioro del patrimonio natural. Sin su colaboración sería imposible avanzar hacia modelos de producción y consumo que favorezcan la conservación de la biodiversidad.

Las Administraciones Públicas, por su parte, aportan el marco regulatorio para garantizar unos estándares mínimos de calidad ambiental. Pero el mercado puede y debe apoyar este proceso, premiando a las empresas que innovan y que apuestan por desarrollar modelos de negocio basados en un uso responsable y sostenible de los recursos del planeta. Las políticas de responsabilidad social corporativa constituyen, en este sentido, una oportunidad única para alinear los objetivos empresariales con los objetivos del desarrollo sostenible. 

Además, en tiempos de crisis global, no podemos dejar de señalar el importante sector de actividad económica y creación de empleo que se despliega en torno a la conservación de la naturaleza, la biodiversidad y el desarrollo sostenible. Las cifras avalan nuestro pronóstico: se estima que las actividades relacionadas con industrias ambientales, energías, transporte y tecnologías limpias, agricultura ecológica y conservación de áreas protegidas y sector forestal alcanzan actualmente en el mundo los 1,3 billones de dólares al año, una cifra que se duplicará en diez años.

Este sector (con el que contribuye activamente el Programa Empleaverde de la Fundación Biodiversidad y el Fondo Social Europeo) emplea a 3,5 millones de trabajadores en la UE, de los que 250.000 son españoles, superando en ocupación a sectores como el del automóvil o el farmacéutico.

Sin duda, todavía queda mucho por hacer para frenar el gravísimo deterioro de la diversidad biológica, al tiempo que se preservan la salud, el empleo y el bienestar de los ciudadanos. El Año de la Biodiversidad es un tiempo señalado y en la Fundación Biodiversidad estamos en marcha.  

Ana Leiva.
Directora de la Fundación Biodiversidad.