Adelantarse a la escasez.
Continuo,
como prometí, con la reflexión sobre el camino que nos puede llevar de nuevo a
la prosperidad.
A
pesar de las buenas noticias del Foro de Davos sobre la recuperación de la
economía global, haciéndose eco de una esperanzadora aunque tímida
estabilización del sistema financiero, y que varias economías se han
posicionado de nuevo hacia el crecimiento, el entorno económico general
permanece todavía muy volátil.
Los
economistas continúan especulando sobre si la economía continuará por la senda
de la recuperación o si se estancará o dará un paso adelante y otro atrás.
Sea
lo que sea, una cosa está bien clara: el mundo es complejo e incierto hoy en
día y las organizaciones tendrán que operar con una visión cada vez más global
e interconectada, con una aceleración de la transformación de las industrias,
manejando crecientes volúmenes de datos e información y comprendiendo a unos
consumidores cuyas preferencias cambian velozmente.
Para
poder prosperar en este entorno complejo
e incierto de post crisis creemos que
las organizaciones deben concentrar sus esfuerzos en tres áreas clave, que ya
mencioné en mi
anterior entrada en el blog:
adelantarse a la escasez, gestionar
el talento y enfocarse a la sostenibilidad.
Hoy
nos ocuparemos de la escasez.
La
crisis económica ha creado una
pronunciada, pero temporal, interrupción en la tendencia alcista hacia la
escasez.
Durante
los momentos álgidos de la crisis, los precios de muchos activos y
recursos bajaron, sin embargo los
precios se están empezando a recuperar de estas bajadas artificiales y la
tendencia hacia la escasez se hará evidente a medida que las economías se
recobren.
Por
ejemplo, el precio del crudo se ha casi doblado entre Febrero del 2009 y
Febrero del 2010 y continúa aumentando.
Esta
tendencia nos llevará a una dura carrera por hacernos con el limitado suministro global de materias primas, recursos naturales, acceso a
los mercados y al conocimiento entre otros.
Además
en esta carrera los que ocupan los primeros puestos no son ya las economías
tradicionalmente ricas. Por el contrario, la mayor voracidad se está dando en
las economías emergentes como China y la India, donde sus crecientes necesidades
de recursos les está llevando a buscar
en otros países los recursos necesarios.
Por ejemplo, cuando la crisis financiera era más aguda las empresas chinas compraron activos
clave por valor de 10 mil millones de dólares US a precios de depresión, bloqueando
así suministros de crudo, minerales,metales y otros recursos naturales
estratégicos y críticos para el crecimiento económico.
En su caso, India, con 1.100 millones de personas y una escasez de recursos
naturales, tiene el potencial de ser un gran comprador de productos agrícolas y
minerales, sobre todo en Latinoamérica, donde sus lazos comerciales con Brasil
son ya importantes, con 23 acuerdos comerciales y se están empezando a extender
por el resto de la región.
El
Diario Expansión titulaba hace unos días "España busca alimentos en Europa y energía en
Rusia, Argelia y Nigeria".
No
es una novedad, sabemos que el 81 por ciento de la energía que se consume en España se
compra a otros países, y que importamos casi tantos alimentos como vendemos,
pero aunque no sea una novedad, tiene que ser una llamada de atención muy seria
y un motivo de preocupación si no sabemos cómo frenar nuestra creciente
dependencia del exterior y no encontramos a tiempo socios fiables y permanentes
en un entorno complejo e inestable, no lo olvidemos, que aseguren un acceso
preferencial a los recursos que son críticos para nuestras estrategias de
crecimiento.
Otra
alternativa, que va unida al contenido de mi
anterior entrada sobre la gestión del talento, es
estimular el conocimiento y el talento interior para hacer mejor frente a las
necesidades tecnológicas que pueden dar acceso a un aumento de la productividad
y la eficiencia en nuestro sistema económico y social.
En los próximos días abordaré el último tema de esta serie de entradas: la sostenibilidad. Algo fundamental para poder avanzar en el camino hacia la prosperidad.