Buscar la esencia.
Casi todos los días pienso en la vida, en las pequeñas y grandes cosas que pasan cerca o lejos de mi mundo, pero casi siempre llega la noche y las he guardado para mí en el cajón de los sentimientos vivos pero mudos. Tengo mucho respeto por la palabra, si cabe más ahora, cuando me parece que todos vivimos tanto de ella y tan poco de los hechos. Por eso, tal vez soy tan tacaña con las mías.
Llevo días observando cómo vienen ideas a mí cabeza y se van sin dejar apenas huella, atenta a ver si alguna se queda el tiempo necesario para arraigar en mi alma y sacarla de allí por esa necesidad sentida de compartirla. Y si hay algo que está ahí, que no es volátil y caprichoso como los pensamientos, que está pidiendo a gritos el lugar que se merece en la vida de todos y al que le damos sistemáticamente la espalda, es el amor.
Ese amor del que hablaba el recientemente fallecido Steve Jobs en varias ocasiones, la más famosa en su discurso en la Universidad de Cornell. Ese amor incondicional a la vida y a todas sus manifestaciones, también al servicio público, que florece y se expresa cuando logramos vencer el miedo a ser quiénes somos y nos quedamos en lo que queremos ser o en lo que los demás creen que somos. Ese amor que nos llena de paz porque es libre y absolutamente nuestro.
Ese amor que traicionamos cuando decimos lo que no sentimos, cuando hacemos lo que no queremos y, sobre todo, cuando lo utilizamos falsamente para hacernos valer frente a otros. Vivimos momentos difíciles para muchos, en los que hablar de amor puede parecer un lujo al alcance de unos pocos con los aspectos más materiales de la vida resueltos. Sin embargo, esas dificultades fueron creadas por gentes sin amor, o con amores malsanos por el poder, la fama o el dinero.
Creo que debemos desenmascarar a los traidores que corrompen el verdadero amor confundiéndolo adrede con el interés y el bienestar de la sociedad. Por eso, porque hay mucha gente que sufre por culpa de otros, y en un mercado donde todo vale lo que aparenta y no lo que es, es importante hablar de amor y pedir que éste se traduzca en hechos, en ejemplos de vidas consecuentes con los principios del amor, sobre todo si estas vidas han de influir de alguna forma en las nuestras.
Exigir esfuerzos y sacrificios a un país cuándo es necesario es de valientes y responsables. Exigir estos esfuerzos sin hacerlos uno mismo y aplicarlos en primer lugar a nuestro radio de influencia más inmediato es de cínicos y derrochadores del bien común. Tenemos pues que apoyar a los valientes y responsables, siendo cada uno de nosotros valientes y responsables para afrontar el esfuerzo y sacrificio que nos corresponda, pero tenemos también que desenmascarar a los cínicos y malgastadores del capital común.
Mi pregunta a toda esa gente, a la que en gran parte vamos a otorgar en unos días nuestro voto para gobernar por nosotros, sería: ¿Usted ama?, ¿qué ama y cómo lo va a demostrar con hechos?.
Si el interrogado no te mira a los ojos, si no notas la más mínima emoción al contestar, si tiene que recurrir a un papel para encontrar la respuesta en cifras, si se pone nervioso y se revuelve en el asiento incómodo, no confíes en él.